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Editorial

Barcina retrata y remata al PSN

La apuesta de la presidenta de UPN por concurrir con el PP a las generales pone en entredicho el futuro del Gobierno con los socialistas, cuya cúpula elude responder a semejante humillación, confirmando que antepone los cargos a la ideología

Domingo, 4 de Septiembre de 2011 - Actualizado a las 05:21h

eL sorpresivo anuncio de Yolanda Barcina, el viernes casi de madrugada en un acto partidista en Cadreita, de que horas antes había abierto una vía de negociación con el PP para cerrar una lista conjunta para las inminentes elecciones generales ha puesto patas arriba la política foral. Para empezar porque, se plasme o no esa alianza para el 20-N, la voluntad de Barcina de recuperar la entente con el PP que Miguel Sanz fracturó para mantenerse en el poder en 2007 queda de manifiesto de forma inequívoca cuando contradictoriamente ahora dirige un Gobierno de coalición con el PSN. Dos pretensiones palmariamente incompatibles que ponen al bipartito foral en cuarentena, hasta el punto de que ya se especula en las propias filas regionalistas con un eventual adelanto electoral para antes del próximo verano, en mayor medida si el PP recaba la mayoría absoluta en los comicios generales -una hipótesis más que factible-. Siempre desde la premisa de que Santiago Cervera se ha mostrado predispuesto a concurrir con UPN en una misma candidatura si vislumbra solvencia, y no un mero criterio de oportunidad, en la propuesta de Barcina. Y es que el PP tiene difícil refutar el argumento de la presidenta de que la unión en las Cortes se hace imprescindible para no correr el riesgo de que Bildu resulte la fuerza más votada en Navarra, amén del lógico interés de Mariano Rajoy de recomponer relaciones con UPN una vez Sanz fuera de juego con este ardid de Barcina. Ante esta catarsis el único que hace como que no se entera es el socialismo, el navarro y el español. Roberto Jiménez porque, entregado a intentar recuperar con la gestión de las poltronas repartidas entre su aparato lo cedido en las urnas hasta romper el suelo electoral del PSN, salió ayer con el pueril argumento de que a quien tiene miedo Barcina no es a Bildu, sino a su partido. Mientras José Blanco, el muñidor de los acuerdos con UPN, guardaba en Pamplona un revelador silencio sobre un viraje del regionalismo que le deja a él en entredicho y al candidato Rubalcaba ante la duda de si obtendrá en Navarra algún diputado. La cúpula del PSN perdió ayer otra magnífica oportunidad de demostrar que antepone la ideología a los cargos respondiendo a Barcina que o el cogobierno o la lista con el PP. A cambio evacuó una inocua resolución aprobada además por un diezmado Comité Regional.

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