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entrevista a uxue barkos

"El cáncer sigue siendo tabú, pero hay que afrontarlo con naturalidad"

ibai fernández - Domingo, 11 de Septiembre de 2011 - Actualizado a las 05:26h

Cinco minutos de conversación son suficientes para comprobar que Uxue Barkos ha recuperado toda su fuerza. Todavía sin pelo, pero sobrada de ánimo, Barkos habla abiertamente del cáncer, una enfermedad que "sigue siendo tabú", pero que hay que afrontar "con toda naturalidad". "Cada vez vamos a convivir más con el cáncer", subraya la diputada de NaBai, que recuerda que todos los años a 300 navarras se les diagnostica la misma enfermedad.

¿Cómo lleva la batalla?

El cáncer ya me lo extirparon, y ahora trabajamos en prevenir que no vuelva en el futuro. He tenido la suerte de que me lo han cogido a tiempo, con muchas posibilidades de éxito. Es un tratamiento duro, no es una gripe, pero lo peor, la quimioterapia, ya ha pasado.

Se le ve muy mejorada.

Sí, estoy mejor. Cansada pero con ganas de volver a la rutina. En el debate y en el discurso estoy ya al 100%, y para finales de este mes, cuando termino con la radioterapia, confío en estar otra vez a tope.

¿Ha sido difícil compaginar la actividad pública con la enfermedad?

En general ha sido compatible, fundamentalmente porque mis compañeros han sido muy generosos. Quizá el peor momento fue la constitución del Ayuntamiento de Pamplona. Estaba francamente cansada, pero tocaba estar allí. Pero como le ha pasado a mucha otra gente, en la política y fuera de ella. Son circunstancias muy humanas.

¿Por qué decidió hacer pública su enfermedad?

Fundamentalmente porque creo que es saludable hablar con naturalidad del cáncer. Pero es que además mi trabajo me exige presencia pública, hay que ir a las instituciones. Creí que era lo mejor.

¿En algún momento se ha sentido cuestionada o incomprendida?

La semana pasada, por ejemplo, recibí críticas en el correo electrónico de gente que cuestionaba que fuera al Congreso con este aspecto. Alguno decía incluso que le parecía desagradable, y que era mejor quedarse en casa. Cosa a la que me niego absolutamente. Pero lo puedo entender. Lo que no admito es que se diga que he utilizado la enfermedad con interés político.

¿Lo dice por las críticas que recibió a través de Twitter?

Me pareció miserable. En política no vale todo, y lo voy a batallar porque le hace flaco favor a la política. Por cierto, la demanda la presentamos antes de las elecciones, pero no la hicimos pública para que no se malinterpretara.

¿Cómo recuerda el momento en el que el médico le da la noticia?

Cuando te lo suelta en la consulta es un susto de abrigo. No se me había pasado por la cabeza, y es algo que no esperas. Pero luego lo asumes y convives perfectamente. Es algo que te obliga además a enfrentarte a lo que nunca te quieres enfrentar, que es el hecho de la muerte. Te genera una sensación de vulnerabilidad, que no es menos cierta que tu propia realidad, pero que es una enseñanza.

Durante el tratamiento habrá tenido un contacto directo con mucha otra gente que está luchando contra el cáncer. ¿Ayuda?

El cáncer es una enfermedad que te hace muy solidario, y los enfermos compartimos la experiencia. Hay vocación por eso. Yo además he sido una privilegiada. Al ser una persona conocida ha habido mucha gente que se me ha acercado por la calle a decirme que habían pasado por lo mismo. De esto se sale, te dicen. Y eso es algo que emociona y ayuda mucho. Es la mejor medicina.

¿Cree que existe todavía cierto tabú entorno al cáncer?

Es verdad que en nuestra sociedad normalmente preferimos obviar la palabra cáncer. Pero debemos asumir que cada vez vamos a convivir más con la enfermedad y con las expresiones de su tratamiento.

Pero es algo que impresiona.

Entiendo que una calvicie o una cara desdibujada puede sorprender, sobre todo en el caso de una mujer. Me pasa al encontrarme con algunos compañeros. Te miran y ves en el rostro una sorpresa, un susto. Pero eso no puede impedir una vida normal. En Navarra cada año se diagnostica cáncer de mama a 300 mujeres. Es uno al día, y lo tenemos que afrontar con naturalidad.

Dentro de la dureza de una enfermedad como esta, habrá habido momentos gratificantes.

Desde luego que también hay momentos buenos. Incluso en los momentos de diferencias más tensas, queda la relación personal.

Imagino que el aplauso que le dieron en el Congreso la semana pasada fue uno de esos.

Sí, claro. Fue un gesto inesperado y supongo que una pequeña casualidad. Alguien empieza a aplaudir y eso se expande. Pero fue muy hermoso y no lo voy a olvidar nunca.

¿Y después de eso le quedaban ganas de abroncar a Zapatero por la reforma constitucional?

No le oculto que por un momento no supe cómo arrancar mi intervención, porque soy muy vehemente. Pero a veces la política te regala cosas como esta. Fue algo muy bonito que quise compartir con otros diputados que han pasado por lo mismo, pero que como no son portavoces no han tenido tanta trascendencia mediática.

¿Un cáncer cambia la forma de entender la vida?

Sí, y mucho. En cosas muy básicas además, de las que afectan al día a día. Los disgustos principalmente. Aprendes a separar lo urgente de lo importante. Hay cosas que ya no voy a vivir con la misma intensidad. En esta vida hay que aprender a cambiar las cosas cuando no nos han ido bien.

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