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EN 10 MESES HA INTERVENIDO CUATRO VECES

Barcina rehúye el Parlamento

La presidenta solo ha intervenido en cuatro ocasiones en el hemiciclo, incluidas su investidura y el pleno del amejoramiento

JAVIER ENCINAS - Domingo, 8 de Abril de 2012 - Actualizado a las 05:09h

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Barcina, en la segunda de las dos únicas ocasiones que ha pasado por la tribuna de oradores del Parlamento foral.

Barcina, en la tribuna de oradores del Parlamento foral. (Javier Bergasa)

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PAMPLONA. Desde que el pasado 15 de junio de 2011, Yolanda Barcina estrenó su condición de parlamentaria, sus intervenciones ante el Pleno de la Cámara foral se cuentan con los dedos de una mano. En los casi 10 meses que han transcurrido desde entonces, la líder de UPN sólo ha tomado la palabra en la sede donde está representada la soberanía de los ciudadanos en cuatro ocasiones. Y dos han sido inevitables.

La primera de ellas fue el 23 de junio con motivo del debate en el que defendía su investidura como presidenta del Gobierno foral. En aquella cita, igual que ha ocurrido en todas las demás, la jefa del Gobierno de Navarra se limitó a leer el discurso -que el presidente del PPN, Santiago Cervera, calificó como el "más vago e inconcreto de la historia"- que previamente había elaborado con sus asesores. Si bien es normal llevar preparada la exposición inicial, más sorprendente resultó que también leyera las réplicas que hizo al resto de grupos representados en la Cámara y que no supiera salir del atolladero cuando le correspondió contestar al PSN, al haber traspapelado el texto con el que pretendía responder al que ya era su socio en el Gobierno.

La brevedad de su discurso y la ausencia total de capacidad de improvisación llamaron la atención en buena parte de los parlamentarios, algunos de los cuales apelaron en privado a la falta de experiencia de Barcina en la Cámara para justificar sus escasos argumentos oratorios.

Casi 10 meses después de aquello, poco o nada ha variado la situación. De hecho, en todo este tiempo sólo en otra ocasión se ha acercado Barcina a la tribuna de oradores del Parlamento. Lo hizo el 15 de marzo en el protocolario y extraordinario pleno que se convocó para conmemorar el 30º aniversario de la aprobación de la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra (Lorafna).

SOLO DOS RESPUESTAS Y entre la primera y la última vez que se ha atrevido a acercarse al estrado del Legislativo, sólo en otras dos ocasiones se ha escuchado su voz en el hemiciclo. Las dos han sido para responder a una interpelación y una pregunta planteadas por el portavoz de Bildu, Maiorga Ramirez, relacionadas con iniciativas para profundizar en la normalización política tras el cese definitivo de ETA. Barcina contestó a estas dos cuestiones desde su escaño y leyendo el texto que tenía escrito en su ordenador, en el que también llevaba preparada su réplica, lo cual es un buen reflejo de que su respuesta no tiene que ver necesariamente con lo que le hayan dicho con anterioridad, ya que acostumbra a ceñirse al guion ante el temor a que salirse de él le origine problemas.

No deja de ser significativo que sus dos únicas apariciones voluntarias en La Cámara hayan sido para debatir cuestiones relacionadas con el final de la violencia, un asunto en el que UPN históricamente ha encontrado un filón, pero que destacados dirigentes de la formación regionalista reconocen que ya no va a proporcionar los réditos electorales que históricamente ha reportado a la derecha.

Barcina ha eludido contestar ante el Pleno, amparada en una favorable interpretación del reglamento de la Cámara, el resto de preguntas que los grupos de la oposición le ha planteado y ha delegado las intervenciones en otros miembros de su Gobierno, generalmente en el portavoz, Juan Luis Sánchez de Muniáin.

Tampoco se ha prodigado demasiado Barcina en las comisiones parlamentarias, si bien en estos casos las comparecencias son obligatorias, por lo que no le ha quedado más remedio que dar la cara. En las contadas veces que le ha tocado dar explicaciones lo ha hecho siempre apoyada en textos previamente redactados, con lo cual convierte lo que debería ser un debate en una especie de diálogo de sordos, ya que sus réplicas no suelen guardar mucha relación con lo que le acaba de decir el portavoz de turno.

La falta de recursos de Barcina para fajarse en la confrontación dialéctica empieza a ser tema de conversación entre los parlamentarios de la Cámara. Sobre todo los más veteranos añoran a su antecesor en el cargo, Miguel Sanz, quien lejos de rehuir el debate acostumbraba a intervenir en la inmensa mayoría de los plenos y no le preocupaba lo más mínimo tener que improvisar.

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